LA AUTOPISTA DEL SUR
La historia trata de un
embotellamiento en la autopista con destino a París un caluroso domingo por la
tarde. Se relatan las vivencias de un grupo de personas en los días que dura el
embotellamiento. Estas personas se ven en la necesidad de organizarse y
comunicarse para poder satisfacer las necesidades de supervivencia ya que los
días se alargan, no se sabe ni la causa exacta del atasco ni cuándo el problema
terminará y los problemas empiezan a surgir.
Algo que destaca a simple vista
es el cambio en la relación entre el grupo de personas. Al principio del
embotellamiento cada uno es indiferente a los demás. Cada uno solo está
preocupado por sus propios asuntos, en el tiempo que pasa y en los problemas
que el embotellamiento les causa. Un ejemplo se encuentra en la siguiente cita:
“…El ingeniero había decidido no salir más de su coche, a la espera de que la
policía disolviese de alguna manera el embotellamiento…”. Sin embargo, con el
paso de las horas que pronto se convierten en días, la resignación y el
surgimiento de necesidades los obligan a establecer una mejor relación, hasta
el punto en que un grupo de desconocidos se convierte en una pequeña comunidad
que quiere salir adelante.
Como consecuencia de las mayores
necesidades que empiezan a presentarse y el establecimiento de una mejor
relación surge la organización de esa comunidad. Cuentan con líderes como el
ingeniero, el hombre del Taunus, el soldado o la chica del Dauphine, que
planifican el día a día e idean formas de sobrevivir y de obtener beneficios
para todos. Evidentemente hay personas que participan de manera más activa y
también aquellos que no se involucran en absoluto: “… a su derecha estaba el
hombre silencioso del Caravelle, ajeno a todo lo que ocurría en torno… El hombre
pálido del Caravelle se encogió de hombros y dijo que le daba lo mismo, que
hicieran lo que les pareciese mejor…”.
Ante la falta de agua y alimentos
se empiezan a usar la creatividad y el ingenio y a definir prioridades, como
atender primero a las mujeres y los niños. Se buscan formas de conseguir
provisiones a través del contacto con el exterior y comercializar a través de
trueques. Todos están unidos por la misma causa y aportan todo lo que pueden;
se crean horarios para desarrollar las actividades, turnos de cuidado y se
busca la manera de sacar el mayor provecho de lo que se tiene. Incluso se
improvisan ambulancias y lugares para mantener a los muertos.
El desenlace vuelve a
mostrar la prioridad de lo personal ante lo colectivo. Cada uno quiere volver a
su rutina lo antes posible y piensa solo en sí mismo olvidando la relación
creada en ese periodo de dificultades.
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